Antes de asociarse con Avalara, Tony gestionaba el cumplimiento de la normativa tributaria de forma manual, un proceso que requería mucho tiempo y era propenso a errores. «Cada mes, revisaba todas las reservas, calculaba los impuestos estatales, del condado y los impuestos locales correspondientes y, a continuación, presentaba las declaraciones de cada propietario», explica. «En Carolina del Sur, algunas jurisdicciones siguen exigiendo que se envíen por correo los cupones en papel. Era como hacer la declaración de la renta en los años sesenta».
El creciente número de viviendas en alquiler no hizo más que agravar el problema. Gestionar 60 propiedades en múltiples jurisdicciones implicaba hacer un seguimiento constante de las tasas impositivas, los calendarios de presentación de impuestos y las normas de remisión, que a menudo variaban dependiendo de la ciudad o el condado.
A esta complejidad se sumaban las políticas fiscales en constante cambio de plataformas como Airbnb y Vrbo.
Un mes presentan la declaración de impuestos estatales, al siguiente no presentan la de impuestos municipales o locales. Están en constante cambio», dice Tony. «Estar al tanto de todo se estaba convirtiendo en un trabajo a tiempo completo, y yo ya tenía uno».
La gestión manual de estas variables generaba riesgos y limitaba la capacidad de Sandpiper para crecer. Tony necesitaba una forma de aligerar la carga del cumplimiento normativo para poder centrarse en el crecimiento del negocio.