El impuesto sobre las ventas nunca ha sido precisamente fácil, pero era mucho más sencillo antes del auge del comercio electrónico. En general, las empresas de aquella época solo tenían que recaudar el impuesto sobre las ventas (o un certificado de exención) en función de la ubicación, presentar e ingresar dicho impuesto en las jurisdicciones correspondientes a dichas ubicaciones, y estar atentas a los cambios ocasionales que se producían las tasas impositivas o la normativa.
Hoy en día, las cosas son muy diferentes. Una pequeña empresa que hace 20 años quizá vendiera exclusivamente a clientes que visitaban su única tienda física, ahora puede vender fácilmente en los 50 estados, e incluso a nivel internacional, desde esa misma tienda.
Y aunque eso puede ser fantástico para cualquier empresa, puede suponer un auténtico quebradero de cabeza en lo que respecta al cumplimiento de la normativa tributaria, ya que la sentencia de 2018 del Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso Dakota del Sur contra Wayfair abrió la puerta a que los estados gravaran esas ventas por Internet.
Esto significa que las empresas que venden en todo el país y fuera de él no solo están ampliando su negocio, sino que también están teniendo muy probablemente muchas mayores obligaciones tributarias. ¿En qué medida? Pues bien, hay que tener en cuenta que solo en los EE. UU. hay 12 000 jurisdicciones en materia de impuestos sobre las ventas y el uso, todas ellas con sus propias tasas impositivas y normas en materia del impuesto sobre las ventas, además de particularidades como los certificados de exención.
La mayoría de las empresas no pueden gestionar ese nivel de complejidad por sí solas. Intentar gestionarlo todo manualmente conlleva un mayor riesgo de error (además de sanciones o multas en caso de que se produzcan auditorías). Además, resta recursos a otras tareas o iniciativas que podrían tener un mayor impacto.
Por eso las empresas como Tax CSA son tan importantes tras la sentencia del caso Wayfair. Empresas de todos los tamaños confían en la firma para obtener asesoramiento experto y soluciones que satisfagan los desafíos en constante evolución asociados al cumplimiento normativo.
Las complejidades pueden ser tan confusas que las empresas no entienden completamente sus obligaciones, según Kristin Terdik, vicepresidenta de ventas y alianzas estratégicas de Tax CSA. Comenta que solo cuando buscan asesoramiento sobre plataformas de comercio electrónico o tecnología fiscal es cuando finalmente llegan a comprender en su totalidad cuestiones complejas como la gestión de los certificados de exención.
Las ventas exentas, en concreto, suponen un enorme riesgo enfrentarse a una auditoría, y dado que hoy en día los vendedores deben gestionar certificados de exención de diversos estados y jurisdicciones (que, por supuesto, tienen normas diferentes), las empresas que gestionan esta tarea de forma manual suelen cometer errores. Eso las convierte en un objetivo atractivo para los auditores.
Afortunadamente, los avances tecnológicos han hecho algo más que simplemente permitir a las empresas vender en más lugares, también han creado oportunidades para automatizar tareas y procesos como el cumplimiento normativo del impuesto sobre las ventas. Tras haber obtenido la condición de socio de Avalara y de implementador certificado, Tax CSA aprovecha la tecnología de Avalara para ayudar a sus clientes a optimizar sus procesos de cumplimiento normativo.